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Nadie le tomó en serio. Cuando Pierre de Coubertin propuso resucitar los Juegos Olímpicos, sus contemporáneos escucharon sus palabras con incredulidad. Pocos confiaron en aquel barón que parecía un excéntrico incapaz de levantar tamaña empresa. Cuatro décadas después había puesto en marcha, congreso a congreso y viaje a viaje, el mayor evento del mundo moderno. Aunque lo hizo dilapidando su fortuna.
En este libro nos cuenta todos los detalles. Los pulsos por la sede inaugural; los Juegos de Atenas 1896, los primeros de la era moderna, que salieron adelante contra todo pronóstico; París 1900 y San Luis 1904, diluidos dentro del programa de dos exposiciones universales. Estocolmo 1912 salió, por fin, tal y como el barón de Coubertin los había soñado y a partir de ahí se fue consolidando este gran acontecimiento que paraliza el mundo cada cuatro años, aunque la Primera Guerra Mundial a punto estuvo de acabar con todo. En el camino, contribuyó a la creación de una liturgia que perdura hasta hoy en día: la bandera de los cinco aros, el juramento, las ceremonias...
Estas memorias son una rareza, pero explican, mejor que ningún libro posterior, cómo y dónde surge el movimiento olímpico moderno y los obstáculos que tuvieron que superar en sus primeras décadas.
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