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¿Se puede hablar de Dios con resaca, dudas existenciales y una buena ración de ironía? Este libro dice que sí. Y además se lo pasa en grande haciéndolo. Jesús, qué vida llevo es una biografía espiritual poco edificante, o quizás demasiado, en la que el autor se desnuda (metafóricamente casi siempre) para contarnos su viaje desde la fe más férrea hasta ese territorio resbaladizo donde conviven el escepticismo, el cachondeo y una sospecha incómoda: que igual hay algo más y nos estamos haciendo los suecos. Aquí hay curas, comuniones, pecados de serie, placeres terrenales, preguntas que pican y respuestas que se escapan. Hay carcajadas, irreverencia y momentos en los que uno se sorprende pensando: Oye pues igual este tipo tiene razón . O peor: Igual me está hablando a mí . Porque este no es un libro para creyentes ni para ateos: es para cualquiera que haya mirado al techo a las tres de la mañana preguntándose qué demonios pinta aquí. Con un estilo afilado, gamberro y sorprendentemente lúcido, el autor convierte la búsqueda espiritual en una especie de montaña rusa: tan pronto te eleva como te pega un meneo que te deja pensando. Si buscas certezas, este no es tu libro. Si buscas reírte, incomodarte un poco y salir con más preguntas que respuestas bienvenido.
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