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Tenía dieciocho años cuando lo dejó todo. Abandonó Oxford, su prometedora carrera académica, las expectativas de su familia. Se internó en el bosque y, con dos túnicas de su hermana y la vieja capucha de su padre, se fabricó un hábito de ermitaño.
Richard Rolle (c. 1290-1349) buscaba algo que los libros no podían darle. Lo encontró en la soledad de los páramos de Yorkshire: un fuego interior que no quemaba sino que iluminaba, una dulzura que embriagaba el alma, un canto que brotaba sin palabras. Durante el resto de su vida intentó explicar lo inexplicable.
El fuego del amor es el resultado de esa joven y apasionada intimidad: un libro que combina la autobiografía espiritual con el tratado místico, la poesía con la psicología del alma. Un libro que influyó en todos los grandes contemplativos ingleses posteriores y que resuena hoy con sorprendente actualidad.
Porque hay preguntas que no cambian: ¿qué significa amar de verdad? ¿Cómo se transforma una vida? ¿Dónde buscar lo que realmente importa? Hace siete siglos, un ermitaño inglés encontró respuestas que siguen ardiendo.
AUTOR
Richard Rolle (c. 1300-1349) fue un ermitaño, místico y escritor inglés, considerado una de las figuras más influyentes de la espiritualidad medieval en lengua inglesa. Nacido en Thornton-le-Dale, Yorkshire, inició estudios en la Universidad de Oxford, pero los abandonó hacia los dieciocho años para abrazar una vida de contemplación solitaria. Según la tradición hagiográfica, confeccionó su primer hábito eremítico con prendas de su hermana. Durante décadas vivió como ermitaño itinerante en Yorkshire, dedicado a la oración, la escritura y la dirección espiritual, especialmente de comunidades religiosas femeninas. Sus últimos años transcurrieron cerca del convento cisterciense de Hampole, donde murió, probablemente víctima de la peste negra. Su obra maestra, Incendium Amoris (El fuego del amor), compuesta hacia 1343, describe con extraordinaria intensidad lírica su experiencia contemplativa a través de tres manifestaciones sensibles: calor (calor físico sobrenatural), dulcor (dulzura inefable) y canor
(canto interior). Esta tríada define su teología mística centrada en el amor divino como fuego transformador del alma. Su influencia perduró durante siglos y su figura, aunque nunca canonizada oficialmente, fue venerada popularmente en el norte de Inglaterra.
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