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Los forzados de la ruta no es un libro de deportes más; es el acta fundacional de la mitología moderna del ciclismo. En 1924, el diario Le Petit Parisien envió a su reportero estrella, Albert Londres, a cubrir la decimoctava edición del Tour de Francia. Lo que Londres encontró no fue una plácida exhibición atlética, sino una "carrera hacia la muerte" protagonizada por hombres que pedaleaban hasta la extenuación bajo condiciones inhumanas.
Estas crónicas periodísticas, enviadas desde la carretera y publicadas por entregas en dicho periódico entre el 23 de junio y el 20 de julio de 1924, fueron escritas por Londres siempre a lápiz, utilizando cuadernos o almanaques para capturar la inmediatez de las sensaciones y el "instante decisivo" antes de que se esfumara. Lo que hoy leemos como libro fue, en su origen, un fenómeno de masas que arrastraba hordas de lectores ansiosos por conocer el destino de ciclistas como los hermanos franceses Pélissier, las estrellas de la época, quienes revelaron al periodista la brutalidad de una competición alimentada por el polvo, el barro y el uso de sustancias paliativas.
El valor de esta obra no reside únicamente en la épica de la competición, sino también en el talento de Albert Londres. Pionero del periodismo de investigación, poseía una mirada camaleónica capaz de cubrir acontecimientos en los sitios más dispares, adelantándose por décadas a estilos narrativos como el Nuevo Periodismo. Albert Londres, que apenas un año antes había denunciado los horrores del penal de la Isla del Diablo en la Guayana, bautizó en estas crónicas a los ciclistas como los "forzados de la ruta". Al equiparar deliberadamente a los deportistas con los condenados a trabajos forzados, el autor elevó el Tour a la
categoría de epopeya trágica de humanidad extrema.
AUTOR
Albert Londres (1884-1932) fue un periodista y escritor francés, considerado el padre del periodismo de investigación por posicionarse como un testigo activo de las injusticias sociales. Fue un gran viajero, y en sus escritos recogía valientes denuncias sobre las condiciones en los presidios militares coloniales, los manicomios, el colonialismo en África o la trata de blancas en Argentina. Su carrera terminó trágicamente al morir en el incendio del paquebote Georges Philippar en el Mar Rojo y su legado perdura a través del Premio Albert Londres, el galardón más prestigioso del periodismo en lengua francesa. En el ámbito deportivo, es recordado especialmente por acuñar el término "forzados de la ruta" en estas crónicas del Tour de Francia de 1924.
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