|
Senegal, rica en paisajes, contrastes y encuentros fortuitos, es la tierra del eterno sol y la aventura.
Es la imagen del África icónica representada por sus cuentos, griots, cultura animista y pueblos de chozas. La que les contamos a los niños para que tengan dulces sueños.
Pero Senegal es también otra África, actual, donde la democracia es estable, donde las religiones coexisten armoniosamente, donde los grupos étnicos seculares perpetúan sus tradiciones sin rechazar la modernidad. Finalmente, es la tierra de la teranga, ese sentido de la hospitalidad innata arraigado en la cultura nacional, que se experimenta en cada taza de té compartida, en cada «hola» intercambiado con alegría, en cada pueblo donde hemos decidido quedarnos un poco más.
Las luces de las ciudades también son fascinantes. Dakar, la capital, orgullosa, inquieta, a la moda, sigue expandiéndose mientras exhuma su doloroso pasado en la isla de Gorea. Mientras tanto, Saint Louis permanece dormida en su decoración colonial matizada por el tiempo.
|