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Durante siete siglos, los munera gladiatoria fueron uno de los pilares sobre los que Roma construyó su identidad, su cohesión social y su poder político. Los gladiadores eran esclavos y hombres libres, extranjeros y ciudadanos, parias sociales e ídolos de
masas capaces de despertar la admiración de los niños y el deseo de las aristócratas. Entrenaban con disciplina militar, comían con arreglo a dietas calculadas, vivían en comunidad y, cuando caían en la arena, podían recibir sepultura digna y epitafio.
Desiderio Vaquerizo, catedrático de Arqueología de la Universidad de Córdoba y uno de los mayores especialistas en el mundo romano hispanorromano, recorre en este libro la historia completa de la gladiatura: sus orígenes funerarios y militares, la
organización de los juegos, los tipos de combatientes, la vida en el ludus, la relación del espectáculo con el poder imperial y su lenta desaparición con el triunfo del cristianismo. Lo hace con el rigor de quien ha dedicado décadas a excavar y estudiar este mundo, y con la voluntad expresa de no confundir la buena divulgación con la banalidad.
AUTOR
Desiderio Vaquerizo Gil (Herrera del Duque, Badajoz, 1959) es extremeño de origen, pero vive en Córdoba desde 1973, cuando empezó sus estudios como alumno interno en la Universidad Laboral Onésimo Redondo, hoy campus universitario de Rabanales. Se licenció en Filosofía y Letras (sección de Geografía e Historia) con Premio Extraordinario en 1981; accedió al doctorado en 1987 con una tesis centrada en el poblamiento ibérico del sureste cordobés y en 1988 obtuvo una plaza de profesor titular de Arqueología en la Universidad de Córdoba, donde pasaría a ser catedrático de la misma materia en 2002. Ha desarrollado, por tanto, una larga carrera, en la que ha atendido por igual a la investigación, la docencia, la gestión y la difusión. Cuenta en su haber con varias decenas de monografías y una infinidad de artículos; ha coordinado congresos y exposiciones; creado y dirigido revistas de investigación; liderado proyectos de investigación de amplia repercusión nacional e internacional, y ha apostado siempre por la escuela, fiel a su enorme vocación de servicio público y su sentido del compromiso. Todo ello le ha hecho merecedor de una docena de prestigiosos premios y reconocimientos, que dan idea del impacto de su labor entre la comunidad científica y la sociedad, encarnando de alguna manera el paradigma de lo que debe ser un profesor universitario.
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